26/11/09
Fin de Trimestre 2009
1/11/09

Muy sencillo, se dice que la vida es un sueño y cuando la gente muere es cuando realmente despierta. El alma se libera y es realmente libre. La muerte no es algo que se ve con miedo sino como algo inevitable y digno de celebrar. El día de los muertos es una celebración que les permite a los vivos acercarse más a los muertos por medio de cantos, comida y bailes. Es entonces cuando, según la tradición, los muertos regresan para estar con los vivos. Los orígenes de tal celebración son anteriores a la llegada de los españoles. En la era prehispánica era algo común y corriente conservar los cráneos para después mostrarlos durante rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento. Hace años atrás se celebraba al inicio de agosto y era una celebración que duraba todo un mes. Las festividades eran precedidas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la “Dama de la Muerte” y esposa de Mictlantecuhtli, señor de la tierra de los muertos. Hoy en día depende cuales sean tus creencias el día de los muertos puede ser un día extremadamente religioso o un día para celebrar las vidas de familiares ya fallecidos. Lo que si es verdad es que el día de los muertos traspasa fronteras y por eso no es difícil ver unas velas prendidas por ahí o un altar en memoria de un ser querido en un rinconcito de nuestra ciudad. ¿Y tú celebras el día de los muertos?
Yo, calavera
¿ Por cuánto tiempo muere el hombre?
¿ Qué quiere decir para siempre?
-Pablo Neruda
Desde hace tiempo que me quiero morir. Y no hay nada mejor que morirse cuando se tienen ganas. Pero el verdadero mérito no está en cometer suicidio, sino en encontrar la muerte y apresurar el negocio de terminar la vida. Es por so que llevo días tratando de encontrar mi muerte para proponerle el trato fatal. A pesar de que todavía no la encuentro mi entusiasmo por dar con ella no ha disminuido. Sino al contrario. Cuando la encuentre el hallazgo será más victorioso o mejor dicho más fatal.
He dicho que desde hace varios días he venido preguntando por mi muerte, y hasta le pedí a una muerte ajena que me diera razón de ella. Pero aquella muerte de pronto calmo mis ímpetus.
-Los asuntos de perder la vida solo se arreglan con tu propia muerte.- dijo de mala manera. Y así es que emprendí en la tarea de encontrar mi muerte con una determinación irreversible. Después de caminar varias horas me encontré, enfrente de una cantina, a la Huesuda Mayor, la muerte que se lleva a todos los viejos, la que más clientes tiene y la más paciente también. La miré directamente a sus ojos vacios. Ella también me miró y me noto cansado. Se acercó un poco y noté que sus huesos estaban más carcomidos que nunca. “Creo que me voy a morir” -bromeó con el talante cansado. Le invité un trago porque al fin de cuentas estaba seguro que no la volvería a ver. “No moriré de viejo” pensé entre mi mismo para no insultarla. Al entrar a la cantina llamada La Tumba, la Huesuda confesó que se iba a quedar varios días en el pueblo y también confeso que cuando hacia viajes se llevaba a más de uno. Cosa que todo el mundo sabía pero nadie nunca lo había confesado tan descabelladamente. Nos tomamos dos cervezas. La muerte miraba el reloj de reojo. Le platique que me interesaba morirme y me rebelo que existían unas tierras donde vivían todas las muertes y sin ningún remordimiento me rebelo el camino. Volvió a mirar el reloj. La Huesuda Mayor se levanto despacio y caminó, aun más lenta y con algo de alcohol en los huesos, hacia el joven forastero. “no me digas que las calacas también cagan” bromee esperando que revelara lo que en realidad estaba a punto de hacer. Volvió su cráneo hacia mí y dijo más seria que nunca: “los planes de vengar una muerte se propusieron hace mucho tiempo pero está entre el destino y yo en fijar la hora”. La muerte se miraba nostálgica y triste. Se preparaba al ritual de la muerte. Llego, la muerte, donde el joven forastero y se fue penetrando en su cuerpo como si fuera su propio pellejo. Entonces el forastero se levanto, ya con la muerte adentro y camino hacia la mesa donde se encontraba el coronel Navarro. Alcance a ver que la mano de la muerte buscaba la pistola y fueron los dedos esqueléticos de la huesuda, penetrados en la mano del forastero, que apretaron el gatillo y dispararon contra el coronel.
Con el ánimo destrozado por no haber sido yo el que muriera, seguí en mi empresa de encontrar mi muerte. Desatento a mí alrededor recorrí varios kilómetros por el camino, que de acuerdo a la Huesuda Mayor, me llevaría a donde las muertes. El pueblo se quedo atrás. El camino se hizo más angosto, más solitario y después de muchas horas me pareció infinito. Pensé que si cada quien carga con su propia muerte entonces como era que esta fuera tan difícil de encontrar. Conforme caía la noche y cargando la fatiga de un largo recorrido sin ninguna esperanza de encontrar la muerte, me dispute a dormir un poco con la ilusión de no amanecer.
En la mañana siguiente, antes que me despertara el fracaso de no haber muerto, me despertó un alboroto que recién no pude descifrar con exactitud. Parecía el ruido al salvaje trote de una manada de bestias, se confundía también con una cuadrilla de gente alborotada o con una especie de pelotón perteneciente a los de otro siglo. Por fin apareció un batallón de alrededor de trescientas calaveras que hacían vibrar la tierra. El paso del batallón era con ritmo torpe pero siempre veloz. En medio del estruendoso vibrar de los esqueletos, logre apartar a una calavera. Le pregunte rápidamente que a donde se dirigían tantas muertes. “somos las encargadas de las muertes causadas por las epidemias” contestó apresurada pero alcanzó a añadir que se dirigían a un pueblo al extremo del continente cuyo nombre no logré retener. Después que desapareció el batallón a lo lejos, me quedé tan aturdido que creí oír la trácala de los esqueléticos cuerpos todavía cerca por un largo tiempo. Estaba seguro que las huellas del batallón me llevarían al lecho de todas las muertes: a la ciudad de las calaveras. Calculé que debía de estar cerca y despreocupado me olvide de tener en cuenta mi ubicación. Después de varios días los vestigios desaparecieron y yo a la mitad de no sé qué parte del mundo me encontré perdido. Sin embargo, seguí caminando con unas ganas que crecían desmesuradas con la ilusión de morirme.
Habían pasado varias semanas y mis ropas se hacían desgastadas; mi barba creció sin alguna simetría, mis pies entorpecieron por la fatiga y a mis hombres se añadió un peso agotador. El cansancio se apodero de mí. Ya entonces, durante el día, descansaba más de lo que avanzaba. Pero la determinación que persistía mis entrañas por encontrar la ciudad de las Calaveras no me dejo morir a pesar de que morir era lo que más deseaba.
Sucedió entonces en mi andar que tropecé con la muerte de la soledad. Estaba seguro que aquella era mi muerte. Creí sentirme muerto por un momento pero solo confundí la muerte con el sentimiento de la felicidad. Y he aquí que me veo comprometido a explicar tan absurda confusión, pero esta es razonable si se recuerda que el único propósito en mi vida, para ese entonces, era morirme, y eso, lo único que me haría feliz. En el aislamiento de sus pasos apenas dejaba notar su presencia. No se interesaba por lo que ocurría mas allá de su armazón. Tanto así que cuando paso junto a mí, ni siquiera levanto la mandíbula para verme. Creo que no advirtió mi presencia. Fue entonces que percibí otras tierras. Distinguí, lo que parecía intacto de desastres, otro paraíso natural. Todo era un silencio absoluto. Confundí la tranquilidad de ese lugar con la paz de los muertos. Me percate de un rio cuyas aguas yacían mas inmóviles que los propios difuntos y con tropiezos bajé una pequeña colina para llegar hasta sus aguas; al llegar vi tantas muertes que parecían, en aquellas tierras, un hormiguero de Calaveras. Sin darme cuenta había llegado al paraíso de los inmortales donde viven todas las calaveras por la única razón de que el resto del mundo es tan mortal que hasta las propias calaveras corren el riesgo de estirar la pata.
-Busco mi muerte, quiero morir- le dije a la muerte más cercana.
-Ah Suicidio! cada vez que regresas dices lo mismo- contestó la calavera. Incliné la cabeza aún sin entender y vi los huesos de mis manos.
23/9/09
Otoño 2009
Además han pensado alguna vez ¿por qué se celebra el día de los muertos?
Encontrarán la respuesta en la próxima edición…
31/5/09
Primavera 2009
Ciudad Universitaria primavera-2009, está dedicada a los poemas participantes del concurso poético de la Asociación de Estudiantes de Español (AEE). Los jueces del concurso fueron, el poeta Néstor Díaz de Villegas, Fabio Chee, estudiante de doctorado en la universidad de California en Irvine y la profesora Paola Marín (CSULA). En esta edición incluimos los poemas participantes y a los ganadores.
Uno de los principales objetivos de AEE es PROMOVER LA CULTURA EN EL CAMPO DE LA LENGUA HISPANA. De allí la importancia de este certamen de carácter literario desarrollado en la modalidad de concurso de poesía, cuyo objetivo era incentivar la imaginación, la creatividad, la sensibilidad y el interés por la creación poética en los estudiantes de español de CSULA. Igualmente, pensamos que el arte es fundamental para crear un sentido de comunidad, sobre todo cuando ha sido producido por aquellos más cercanos a nosotros. Muchas gracias a todos los que participaron en el concurso poético y a sus ganadores.
atte:
Ciudad Universitaria
(esta edición es la última que estará a cargo de Thania Muñoz. La próxima Ciudad Universitaria será liderada por nuevos directores.)
Primer Lugar: Adán Pereira
el jurado afirmó,
"no se remonta a la abstracción del signo o de la metáfora muerta. Hasta goza de cierta libertad gramatical debido a su intertexto lingüístico".
Conocido de la Noche
De la noche soy conocido
Amigo de las sombras soy fiel
De la luna llena testigo
Y de noches frías en la piel.
Caminé puentes de East LA
Amaneceres en Hollywood
Bajo arboledas en Brentwood
Evitando el ojo de la ley.
Tome el freeway hasta el mar
Caminé en la playa sin parar
Hasta que aquel sol detúvome
Retorno a casa forzándome.
Manejé hasta terminar
El combustible, sin detener
Perdido en algún bulevar
Sin intenciones de saber.
Visite cantinas y cafés
Hable igual con vagabundos
Que me mostraron cómo andar
Sin ser visto, en las noches
De Downtown.
Hubo noches de lluvia
Resbalando en el cristal
Deteniendo tan sólo
La velocidad
Pero sin detener esta ansiedad
De tenerte en este auto
Que no deja de soñar
Con tu compañía al volante
Con tu perfume y tú besar.
Hubo noches de fuegos
En las colinas sin parar
Cenizas cayendo como nieve
Como cenizas quedaron de tu amar.
Primer Lugar: Jesús Gastelum
el jurado afirmó,
"por medio de la metáfora logra hacer de la noche un ser vivo y multiforme, espejo del poeta".
La Noche Sepulta...
La noche sepulta al sol bajo los cerros oscuros.
Una yegua de angustia se desboca por el barranco.
Pálido entre ciénagas de revueltas súplicas.
Mi alma estirada y enferma de turbios alientos.
Fue en la extraña, la vieja y extraña soledad
que la lluvia vagaba su extraviado lamento.
El sueño arrastrado en la perdida hojarasca.
Libre, rodando en el viento del otoño sombrío.
De pronto el cielo acarreaba las nubes lejanas.
La luna hacía blanquear sobre las velas errantes.
Tanta ilusión inmensa venida de golpe.
Hasta que el cielo de pronto volvió su antigua mirada...
¡Pánico de sacudidas montañas! ¡Evacuación
de tormentas! ¡Violento escape de los mares!
Mi vida fue a tu puerta a golpes y gritos de llanto
locamente extraviada entre la muerte de los días perseguidos.
No fue sino el invierno, la fría y amarga tristeza
que esperaba de asalto en su hambriento silencio.
Crucé en el ajeno desvelo de la ausencia profunda.
Me acerqué demasiado al andamio del alba.
Débil en el cuerpo y la angustia devuelta.
Acechado hacia el olvido bajo miradas de angustia.
Grave, desbocado, moribundo, colgado en la cruz de tu nombre.
Clavado entre el amor y la sólida pena de tu alma.
Ah, cómo no arrancar la ira de la historia ardiendo.
Cómo no escupir en ella la cólera del crudo anhelo.
Eras la trémula ansiedad, la sorda ilusión aferrada,
y la palabra blanca teñida por el pecho abierto.
¡Oh los abrazos forzados! ¡Oh las miradas desviadas!
¡Oh la furia combatida en la garganta de un volcán!
Como un ave busqué la cima más atrevida del cielo,
y el cielo atrevido me tumbó de la cima como un ave.
Invasor derrotado. Nocturno derrumbe de incendios.
Sobre ti derribaron las grandes torres del cielo.
Sobre ti sacudían las salvajes cadenas sin cesar
frente a ella con los ojos erguidos de una estatua.
Tiempo desnudo que descubrió las ruinas quemadas.
Fue el temporal desterrando la vida en su enorme revuelo.
Aún detuve la muralla vencida de esperanza.
Aún dejé escapar la sombra del ávido anhelo.
Himnos de luto que en las luchas cerraron el cielo.
Apenas los cadáveres yacen cimentados en el sepulcro.
Ya la niebla abandona el corazón en el crepúsculo
deshabitado como un pueblo de guerras y diluvios.
Evoca mi alma y solloza de pavor en tu recuerdo sangrante.
La noche levanta a todo difunto del cementerio latente.
Una gaviota olvidada atraviesa el cielo vacío.
Invaden ciegas serpientes tras la costa del mar.
¡Ah tirante serpiente! Eres atroz y voraz y bestial
repartiendo noctámbulas medusas feroces.
Segundo Lugar: Jardiel Ferreyra
Invisible
Ya con firmeza insisto:
¡Oh! Mi amada soledad,
Ya no me causas ansiedad.
Ya mil veces lo repito.
Soledad no eres fría.
Me lo han dicho Poetas,
Con versos en las libretas.
Eres luz de mediodía.
Poetas de otro mundo.
Nuestras vidas en caminos,
Unidas por un destino.
Con un sentido profundo.
Mis caminos son delicia:
Cuando entre la soledad,
Me cobija su tempestad.
Adoro su acaricia.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco.
Otra vez me atormento.
Cinco segundos sin rumbo,
Han cambiado por completo,
La estética del mundo.
Un mundo manipulado.
Siempre los mismos tiranos.
Un destino controlado.
Otra vez la avaricia.
Caricias sin espíritu.
Naturaleza perdida.
Caminos hechos de oro,
Sin libertad de salida.
Modernidad tan temible.
Ya soy individualista,
En tu afán capitalista.
Me tienes tan invisible
Soledad no atormenta.
Ahora invisible soy.
Mi corazón tan oculto,
Eso si causa difuntos.
Ayer, yo no conocía.
Ahora, no me conocen.
Hoy material me cobija.
Dinero, lujo…material.
Me miras y me escuchas:
Pero nadie comprendido.
Guau, Pío, Miau, Cuac, Quiquiriquí,
Por dentro, soy, seré…
Por dentro, eres, serás…
Por dentro, es, será…
Por dentro, somos, seremos…
Por dentro, son, serán…
Nada, Ni Polvo, Nada…tan solo.
Alejandro Barco
La rima de tu muerte
Rima que te rima
Esta culpa mía
De un fatal error.
Rima que te rima
La única flor
Que erguida toda sobrevivió
A una noche negra de juego
Y de horror.
Triste poesía de ritmo lento al nacer
Repiquetea fuerte en cada oro amanecer.
Esperanzada en sus versos
Anhela poesía ser,
Pero la luna rebelde señala
Que hoy tampoco puede ser.
Esta poesía no claudica y no muere,
Porque poesía quiere ser.
¿Tendrá paralelismo?
¿O tal vez repetición?
¿No alcanza su abismo?
¿O su aceleración?
¿Y yo? ¿Tendré perdón eterno por causar tu muerte, mi amor?
¿Seré realmente un asesino de tu bello esplendor?
El verso de mi poesía ni brilla ni da calor
Solamente oscurece en el frío de mi dolor.
Su onomatopeya rara y bella
Saltó y gritó
Y con exclamaciones terminó
Con una estrofa atroz.
Tú también la protegiste, la perpetuaste
En el suave y blanco aire de tu voz.
Rima que no te rima el verde
Porque el negro es mi color.
Caprichosa poesía yo sé
De tu valor
Porque un día un verde
Triste y tétrico me lo contó.
¿Y tú, mi amor? ¿Serás la víctima blanca que todo perdona por un amor?
¿Podrás vivir la oscura muerte como lo hago yo?
Esta mi poesía se agita perenne
Se ríe y alegra en su canción,
Mientras filosos recuerdos retumban e inquietan
Todo mi corazón.
¡Aprieta el gatillo! ¡Aprieta el gatillo!
Gritábamos ellos y yo.
Ese juego absurdo y estúpido apagó tu voz
Y cerró por siempre tu dulce mirada, mi amor.
¡Horror! Dios me gritó con todo furor.
Ya inmerso en desolación,
Escribí palabras melódicas
Buscando razón.
Y así esta poesía nació
Y todo lo superó,
Delicada y pretenciosa
Como lo era siempre tu dulce amor.
Un duelo profundo y gris frustración
Atormentaron todo mi mundo,
Todo mi yo.
Rima ¡oh consuelo!
Hoy te invento para ser mi salvación.
Rima que te rima
La desgracia eterna
Que sufro sin su amor.
Rima que te rima
La única flor
Que hoy poza en su tumba,
Lúgubre y precursora
De una noche de juego
Y de horror.