28/2/11
by Juan Carlos Parrilla
En la parada del bus
tus labios
pintan mi cuello rojo.
Con besos lentos
exhalas palabras
tranquilas y cálidas.
Me das cosquillas pequeñas
y me dices que
los fantasmas
bien saben
cómo besar
bajo las estrellas.
La jalea pegajosa
de tus ojos
me enloquece.
La niebla de la calle
se mezcla
con tu sonrisa.
Navego esta noche
por tu hermosura en
búsqueda de versos.
Y encuentro una
ninfa de humo.
by Juan Carlos Parrilla
La cumbia no para
debajo del mar.
Yo entro al baile
contigo
sirena borracha divina
y hago al lado
todos los
peces chavalos.
Soy algo
como tiburón
con cadera de ritmo.
Soy más
como caballito
de mar marinado
en mezcal.
¡Y tu cola
cómo mueve!
Tienes cabello como pulpo
con tentáculos morados
que me enredan.
Tus manos están frías
de abrir ostiones.
Juntabas perlas
en la profundidad
del Caribe.
Beso tus labios
y pruebo
sardinas de lata
sin
salsa de tomate.
Y las burbujas
de la cumbia siguen.
Rayos de luna
quiebran el agua
para llegar
a tus ojos.
Tú y la noche,
olas y relámpago,
tempestad pequeña
en la isla
de mi corazón.
Quiero estar
debajo del mar
contigo todas
las noches
ahogándome
en tu belleza.
Pero ni me
diste tu
número…
17/1/11
Por Jesus Gastelum
Vagando por los pueblos
Busca la calma del jardín
Para deleitar a las rosas
Y entretenerse con el jazmín.
Se sube entre los árboles!
Tumbando las manzanas
Deshojándole los brazos
Y espantando los canarios.
Mientras bájase de pronto
Para treparse ahí de nuevo.
Y arriba van las nubes!
Esperándolo a que suba
Y acarrearlas por el cielo
Cual rebaño hacia sus cunas.
Mas descalzo va en las calles
perseguido en la hojarasca
saltando entre las piedras
caminando por las charcas.
Huye el viento por el campo!
Con su libertad de pájaros
Entre las yeguas y caballos
Que se echan en el pasto.
Luego llega a los trigales
Dispersando las espigas
Despertando las palomas
Que alimentan a sus crías.
Dulce revuelo de hojas!
Oh, travieso niño
Entrando por las casas
Azotándome las puertas
Y huyendo en las ventanas
Redoblando tenedores
Y doblando las cucharas
Como una banda única
De metales y campanas.
Mas no se cansa el niño viento nunca.
Y de pronto viene a mí entre la distancia
Así acarreándome de plumas blancas,
Canciones viejas y fragancias largas.
Oh! necio niño sobre mi hoja clara
Deseando ver el verso que le escribo
A mi novia amada.
16/1/11

Antes que yo me muera.
Canten mientras yo palpite en esta tierra.
Levántense y desplúmense en mi cabellera.
Canten porque de sus cantos resonantes
Amanecen y se elevan mis palabras delirantes.
Compartan el secreto que me oculta la magnolia.
Quiébrense de modo que despierten las estatuas
Y la tarde baje a su tumba alegremente muerta.
Extiendan por el cielo sus grandiosas redes
Para que el viento las redoble con sus manos
Cual las viejas cuerdas de un arpa encantado.
Dóblense, Oh! Fieles mis huérfanos,
Que huyen y regresan a mis ojos solitarios
Siervos que alimentan mis ansiosos huesos
Con el coro interminable de la tierra inmensa.
12/10/10
Después de estar ausentes por algunos meses, ¡estamos de regreso!
Ciudad Universitaria está finalmente de regreso este otoño 2010. Te invitamos a que te conviertas en colaborador de nuestra página dedicada a la creatividad del departamento de español en CSULA. ¿Qué esperas? Manda tus escritos o lo que necesites expresar através de esta válvula de escape.
Estén atentos para enterarse de la fecha límite de nuestra próxima edición. Pueden mandar sus escritos, fotos, pinturas, música, lo que se les ocurra a aee.csula@gmail.com, escriban como título en su correo "Ciudad Universitaria".
¡Esperamos leerlos pronto!
Atentamente,
Ciudad Universitaria
16/4/10
Las palabras dan vida a la música y esto se convierte en el arte más directo, que entra por el oído y llega al corazón:
http://new.music.yahoo.com/videos/CarlosBaute/Colgando-en-tus-manos-con-Marta-Sanchez--217230537
15/4/10
Jesús Gastelum

Cuando el Señor se hastió
Del pecado del hombre
Bajaron los doce ángeles
Apóstoles de Cristo
A la cima de un alto cerro
Con un caracol blanco
Cada uno erguido.
Y mientras nos arrodillábamos fueron cerrándose
desde el oriente hasta el poniente las nubes oscuras.
Y el primer ángel sonó su cuerno en arrobamiento
causando un viento tan fuerte que desvistió los pinos
Y procedido éste por un canto de dolientes reclamos
fue tumbando las estatuas blancas de las tumbas.
El primer ángel manifestó su canto entre sus dientes apretados
Y distinto fue a los otros porque era dividido en tres fragmentos
Y cada fragmento guardaba un llamado:
El primer fragmento reclamaba algo respecto a los tiranos
que hubieron en la historia de injuriar a su hermano.
Vi unos cuervos, al cesar esas palabras,
Salir de sus cuevas con las alas ardiendo
Y buscaban el agua para segar las llamas
Pero no encontraban ni una sola charca
Porque el Señor les nublaba la mirada
Y así tuvieron que morirse en el viento
Hasta caer de bruces sobre a la tierra.
El segundo fragmento se quejó de los pueblos que estos
Tiranos habían arrebatado por cultivar su laurel ajeno.
Y el tercer fragmento reclamó ante el espíritu enfermo
Que no obra sino en deslealtad y codicia.
Al cesar del tercer fragmento recuerdo haber visto
Unas cadenas desceñirse en cenizas sobre la tierra
y unos esclavos locamente a los pies de los cerros
Huyeron a reverenciar los santos redentores.
Entonces dobló su cuerno el tercer apóstol,
y las olas todas vi alzarse más alto que las torres del oriente.
Esta su voz fue más ligera y clara, pero firme, sin embargo.
Y doblaron las campanas de los más antiguos templos.
Algunos derrumbáronse mientras oraban dentro de ellos,
y otros permanecían inmóviles de pie.
Sus versos imploraban por la fe infinita, y asimismo
lamentaban las querellas que extinguían al hombre.
El viento no cesaba de doblar los campanarios,
y las enormes olas permanecían a lo alto.
De pronto el viento que arrastraba una piedra
Me arrolló tan lejos hasta que perdí mi juicio.
Y al tiempo que desperté vi que ya el penúltimo
alzaba su cántico alado entre las cimas.
El más grandioso, sin embargo, fue el canto último de ellos.
El ángel proclamaba el corazón de todos los hombres y mujeres.
Que "hemos de salvarnos si nos contenemos en la gracia del amor."
Parece que hube oído en su canto mientras le besaban en sus manos.
"Amaos hombres y mujeres. Persistid de pie ante las luchas del día."
Y es lo último que recuerdo haber oído y visto bajo aquel crepúsculo.
Algunos pájaros se levantaron de repente entre unos grandes árboles.
Y al mismo tiempo sonaron sus cuernos los doce ángeles discípulos
mientras eleváronse lentamente hasta perderse en el vaho del cielo.
Y cuando ya no lograba verles fueron abriéndose de nuevo los cielos.
A mi entorno todos permanecían en silencio arrodillados, y algunos
largas oraciones repetían en sus labios con sus miradas abajo.
Ya no recuerdo más, bajaron doce ángeles con la esperanza
de suscitar una revolución de amor para redimir al hombre.
Pronto habremos de extinguirnos si no cesamos la contienda,
el mismo ángel, redentor de todos los heridos, me lo dijo
mientras encontrábame inconsciente, inmóvil y absorto,
a los ojos del Padre que nos miraba desde el oriente.
30/1/10
¡Estamos de regreso!
"La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso".
Franz Liszt (1811-1886) Pianista y compositor austriaco de origen húngaro.
18/12/09
¡Gracias!

No sigas el camino; ve por donde no halla vereda y deja una huella.
- Anónimo
Rondaba la Ninfa...
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Este es un relato de una hembra que, al causar algunos hombres,fue forzada en las callejas de una ciudad.
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La misma ninfa cuéntame su grave historia al comenzarmas después los versos quiébranse del llanto en su cantar.
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Rondaba la ninfa por los campos silvestres.La luna a lo alto ardía llamando en sobresalto las más feroces bestias del bosque silencioso. El viento levantábase y cantaba de lujuria,cuando unos ojos grandes fulguraban los verdialesacechándola en las llamas del crepúsculo muriendo.Un lobo aullaba entonces en la cima de unos cerros y clamábale a la luna en soledad del cielo negro.La ninfa así espantada en su camino se perdió al tropezar una serpiente que furiosa le clamó:“las aguas y amapolas también descansan.”
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Orgullosa y ciega ella sus pasos continuabahacia un camino acorralado entre ciénagas oscuras.Y en los brazos de un arbusto despertose una lechuza bajo algunos viudos cantos despertándose otros cuervos.La ninfa estremeciose entonces bajo algunos pinosal oír estas palabras de esos pájaros sangrientos.“ no andes por los campos de las almas que reposan.”
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Y cesó el relato apenas la hembra sollozando.
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Su blanco rostro sonrojose al presenciar su desventura irremediable. A su espalda abrían su boca los pantanos tragársela queriendo, mientras se quemaba ya la luna como una cruz de luto bajo el cielo. Su mirada ella torció cuando volvíase hacia atrás descubriendo los dientes centelleantes que su carne perseguían. Surgía entre las ramas un aroma inmundo de moscas. Ella aligeró su huida entonces pero ya su cuerpo arreaba el hambre de los leones aferrados.Y allá bajo el acoso la ninfa tropezó al vacío de una charca que causole así caer en el barranco de una leona. Y rendida allí en el fondo, la ninfa levantó sus ojos, a su entorno descubriendo un pavoroso círculo de bestias rugientes.

La musa le ruega al poeta que la olvide...
Galopan los días sobre tu recuerdo rendido.
Galopan veloces sobre sus huesos tendidos.
Pero tu doliente recuerdo no ha de fallecer
por más sufra mi alma al vérlose vencer.
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De pronto se arrastra tu recuerdo moribundo
quejándose en el suelo de su alma dolorida.
Y a veces se levanta de la tierra gemebundo
cuando yo le pido a la nostalgia que persista.
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“Mírame galopar,” amor mío.
“Mírame galopar en estos días,” Le decía.
“Y mírame caer cuando se me atraviesa la noche.
Mira cómo estos caballos se me vienen encima
Después de atropellar tu recuerdo sangriento.”
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Pero ni la grave fuerza de estos caballos
me podrá quebrar así como tu ausencia.
Que se me vinieran encima las noches
yo las sostengo con los brazos heridos.
Que se me vengan también sus tinieblas
yo las arrojo hasta el barranco del ocaso.
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Errantes días que se irán de brucesa l
as ciénagas del inmundo olvido.
Su recuerdo permanece eternamente
suplicando a la distancia que lo deje.
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“Déjame morir,”
Me decía.
“Deja de sufrir.”
“Deja que me lleven los caballos del invierno.
Deja que me arrastren hacia el fondo del olvido.”
“Yo he quedado tan frágil,” repetía.
“Yo he quedado muy lejos de llenarte como antes.
Deja que me arrastren hacia allá donde la niebla.
Déjalos que me lleven.
Déjalos que al fin nunca han logrado matarme.”
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En las alturas del olvido yo alzaré tu nombre.
Cantaré los cantos que cantábasme en el alba
bajo los coros infinitos del estero interminable.
Honraré tus palabras, recordaré lejanos ojos.
Pero por el amor nuestro, te pido, ten piedad,
te ruego que me dejes morir.

Una cita a ciegas inolvidable
Por: Stephanie Razo
Recuerdo como si fuera ayer, la navidad del 2005. Y cómo poder olvidarla si fue en esa navidad cuando mi padre me obsequió mi regalo más anhelado: una computadora. Me sentí la mujer más feliz sobre la faz de la tierra. Con esa computadora no sólo iba a poder realizar mis tareas escolares con más facilidad, si no también iba a tener la oportunidad de llevar a cabo uno de mis pasatiempos favoritos en aquel entonces: Chatear. Pero, ¿Que es Chatear?, Chatear es un Anglicismo que significa “charlar”. Actualmente se la llama Chat a la comunicación escrita entre dos o más personas que tiene lugar a través del internet. Y es así, por medio del Chat, como yo solía comunicarme con mis amigos y familiares, con los cuales mantenía conversaciones por largas horas en lo que se conoce como “sala de chat”. En una ocasión en particular me encontraba chateando con mi prima a eso de la media noche, cuando de pronto un extraño se incorporó a nuestra plática. Mi prima decidió abandonar la sala de chat, pero yo estaba tan fastidiada que seguí conversando con ese sujeto. Nunca imaginé que chatear por la madrugada con un desconocido iba a cambiar el resto de mi vida.
Desde la primera vez que chateé con Eduardo, sentí una conexión sumamente especial entre los dos. Parecía como si ya nos hubiéramos conocido en una vida pasada. Desde ese entonces, Eduardo y yo chateamos y hablamos por teléfono casi diariamente por un año y medio, hasta que decidimos que era tiempo de conocernos en persona. Anteriormente nos habíamos mandado fotos para saber cómo lucíamos físicamente pero los dos moríamos por conocernos en persona y tener lo que llamamos una “cita a ciegas”. Por fin, el 7 de octubre del 2006, el día tan anhelado de nuestra cita llegó.
Recuerdo que Eduardo me citó en un parque localizado en la parte superior de unas montañas. El paisaje era hermoso ya que a la altura donde se encontraba este parque se podía apreciar la hermosa ciudad de Los Ángeles en todo su esplendor. Decidí llegar un poco antes de la hora acordada y esperar en aquella banca por el hombre que por más de un año compartió con migo y se hizo parte de mi vida. La espera se hacía eterna, los minutos parecían horas, pero dentro de mi desesperación, el hermoso panorama que tenía a mis pies, aquella increíble vista y el sonido de las hojas de los árboles moviéndose con el vaivén del viento, amenizaban un poco mi espera. Cuando me encontraba en aquella banca del parque, contemplando mí alrededor, repentinamente sentí una mano tocando mi hombro izquierdo. Era él, era Eduardo. Voltie, y no podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Era impresionante, mucho más de lo que yo esperaba. Era tan guapo y apuesto como el galán de la telenovela favorita que sintoniza mi madre todas las tardes. Era simplemente el hombre de mis sueños, lo cual me provocó pararme de la banca donde estaba sentada y correr a abrazarlo.
Al momento de sentir sus brazos alrededor de mi cuerpo sentí como si el tiempo se hubiera detenido, me posé en una dulce nube dando paso a un maravilloso sueño del cual no quería despertar. Cuando nos separamos de aquel abrazo y pude ver el verde de sus ojos reflejándose en los míos, sentí mi corazón latir tan fuerte como si quisiera salirse del pecho. Pude experimentar esa revolución de mariposas invadiendo mi estómago, y una voz interna viniendo de mi alma me gritaba que me había enamorado. En ese momento no existía nadie más sobre la fase terrestre. Éramos sólo Eduardo y yo en aquel parque. Ese precioso parque que fue y seguirá siendo testigo de aquel mágico encuentro con el amor de mi vida.
Después del día de nuestra cita Eduardo y yo nos seguimos viendo unas cuantas veces hasta que tuve que confesarle mis sentimientos de amor hacia él y el lugar tan especial que ocupaba en mi corazón. Mi corazón se partió en mil pedazos cuando al dejarle saber que estaba enamorada de él su respuesta fue que él también se había enamorado de mí, pero que él no creía en las relaciones de novios a larga distancia y no estaba dispuesto a intentar un noviazgo conmigo. Con todo el dolor de mi ser decidí dejarlo ir y aprender a olvidarlo.
Hasta el día de hoy pienso como aquella cita a ciegas marcó mi vida. Esa cita con alguien que conocí por internet en el día y la hora menos esperada. En la actualidad puedo decir que estuve enamorada de una persona que vi unas cuantas veces en mi vida pero que por años compartimos infinidad de experiencias y emociones por medio de la computadora. Han pasado más de cuatro años desde que conocí a Eduardo por internet y aunque hoy en día no sepa más de él, nunca olvidaré que gracias a esa computadora y a chatear, tuve la cita a ciegas más especial de mi vida.

La gran importancia de las cosas pequeñas (El comienzo de la vida)
Todo empieza con tan sólo 60 micras de largo (una micra equivale a la milésima parte de un milímetro). Es invisible a nuestra vista, pero aunque sea imposible de creer, ahí esta, abriéndose camino hacia su meta final. En su viaje se encontrará con millones de obstáculos que tienen el mismo objetivo; solamente uno triunfará. Todo este suceso pareciera como si tomara lugar en el universo infinito, pero increíblemente esta restringido a unos cuantos centímetros cúbicos de espacio. Finalmente, al convertirse en el ganador entre tantos millones, comienza un nuevo mundo. En ese nuevo universo que las 60 micras de largo ayudaron a crear, se podrán encontrar perspectivas diferentes sobre el bien y el mal, un espíritu nuevo nacerá y toda una historia comenzará. Ese pequeño viaje de algunos cuantos centímetros, será el comienzo de la vida.
Se podría decir que su medida es insignificante, y que jamás se le encontraría a plena vista; es imperceptible. Tal vez muchos pondrán en tela de juicio que una célula de este tamaño tenga tanto potencial para llegar a convertirse en algo maravilloso. Es increíble que este fenómeno celular, que parece intrascendente, sólo se pueda presenciar a través de un microscopio. Presenciar tal evento con nuestros propios ojos sería como querer ver el universo en el grosor de una hoja de papel. Si todo lo mencionado ya es difícil de creer, ahora imaginemos que esta misma célula viaja por una autopista diminuta, donde la velocidad es poco más de un centímetro por hora. Esta ruta llevará al esperma a su meta final.
Aunque todo parezca fácil e insignificante, el viaje no es así para esta célula casi invisible. Millones más como él, buscan el mismo destino, ellos también viajan por esa autopista con el simple propósito de llegar a su meta. Muchos millones morirán en el camino y pasarán desapercibidos, nadie se dará cuenta de esa tragedia, el mundo seguirá girando como siempre lo hace, noche y día. Pero la batalla dentro del útero continuará, como todas las grandes batallas de la historia lo han hecho, hasta que haya un triunfador.
Todo este suceso pareciera como si tomase lugar en una gran ciudad o en un gran planeta, pero lo increíble es que no es así. Este evento increíblemente sucede en un espacio casi tan pequeño como el puño de una mano. Sin embargo, es más que suficiente para lograr una de las hazañas más extraordinarias de la humanidad. Entonces, a causa de este ejemplo, podríamos deducir que un suceso de esta magnitud, no necesita todo un espacio tan grande como el universo para crear la vida.
Después de haber vencido a millones más y haber viajado por tres días en un útero lleno de obstáculos, el pequeño espermatozoide finalmente habrá completado su misión. Lo que casi era invisible, comenzará a tornarse en algo espectacular. Perderá su forma original, pronto se comenzará a distinguir una cabeza y una espina dorsal. Jamás volverá a ser esa célula diminuta que en algún momento fue. Crecerá sin parar día a día, semana tras semana, mes a mes; para entonces, el pequeño esperma será irreconocible. Es asombroso que algo tan microscópico como el esperma llegue a crear todo un mundo nuevo dentro de un ser humano.
No sólo se habrá creado una nueva vida, sino que al mismo tiempo se estará presenciando el comienzo de un nuevo mundo, porque ¿acaso no es cada cabeza un mundo diferente? Esta nueva existencia (de acuerdo a las reglas o creencias de la sociedad) tendrá un espíritu y tratará de salvar su alma si cree en el cristianismo. O tal vez llegue a ser el defensor de la humanidad o su enemigo número uno. Desarrollará y aprenderá un lenguaje para comunicarse con otros y su cabeza la llenará con otras ideas abstractas, tales como el tiempo y el valor del dinero. Cuestionará el origen de la vida, tendrá su propio grupo de reglas éticas acerca de la sociedad, de igual manera, este pequeño esperma puede llegar a crear grandes guerras y puede terminarlas. Quizás, al final él rechazará todo, porque en su cabeza, solamente somos un pequeño espejuelo en el universo, insignificante y distante.
Es verdad que las cosas pequeñas son muy importantes en la vida. No hay un ejemplo más claro que el viaje por el útero de ese pequeño gigante: el espermatozoide. Ese viaje que comenzó en tan sólo unos cuantos centímetros cúbicos de espacio se habrá convertido en toda una gran odisea.
26/11/09
Fin de Trimestre 2009
1/11/09

Muy sencillo, se dice que la vida es un sueño y cuando la gente muere es cuando realmente despierta. El alma se libera y es realmente libre. La muerte no es algo que se ve con miedo sino como algo inevitable y digno de celebrar. El día de los muertos es una celebración que les permite a los vivos acercarse más a los muertos por medio de cantos, comida y bailes. Es entonces cuando, según la tradición, los muertos regresan para estar con los vivos. Los orígenes de tal celebración son anteriores a la llegada de los españoles. En la era prehispánica era algo común y corriente conservar los cráneos para después mostrarlos durante rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento. Hace años atrás se celebraba al inicio de agosto y era una celebración que duraba todo un mes. Las festividades eran precedidas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la “Dama de la Muerte” y esposa de Mictlantecuhtli, señor de la tierra de los muertos. Hoy en día depende cuales sean tus creencias el día de los muertos puede ser un día extremadamente religioso o un día para celebrar las vidas de familiares ya fallecidos. Lo que si es verdad es que el día de los muertos traspasa fronteras y por eso no es difícil ver unas velas prendidas por ahí o un altar en memoria de un ser querido en un rinconcito de nuestra ciudad. ¿Y tú celebras el día de los muertos?
Yo, calavera
¿ Por cuánto tiempo muere el hombre?
¿ Qué quiere decir para siempre?
-Pablo Neruda
Desde hace tiempo que me quiero morir. Y no hay nada mejor que morirse cuando se tienen ganas. Pero el verdadero mérito no está en cometer suicidio, sino en encontrar la muerte y apresurar el negocio de terminar la vida. Es por so que llevo días tratando de encontrar mi muerte para proponerle el trato fatal. A pesar de que todavía no la encuentro mi entusiasmo por dar con ella no ha disminuido. Sino al contrario. Cuando la encuentre el hallazgo será más victorioso o mejor dicho más fatal.
He dicho que desde hace varios días he venido preguntando por mi muerte, y hasta le pedí a una muerte ajena que me diera razón de ella. Pero aquella muerte de pronto calmo mis ímpetus.
-Los asuntos de perder la vida solo se arreglan con tu propia muerte.- dijo de mala manera. Y así es que emprendí en la tarea de encontrar mi muerte con una determinación irreversible. Después de caminar varias horas me encontré, enfrente de una cantina, a la Huesuda Mayor, la muerte que se lleva a todos los viejos, la que más clientes tiene y la más paciente también. La miré directamente a sus ojos vacios. Ella también me miró y me noto cansado. Se acercó un poco y noté que sus huesos estaban más carcomidos que nunca. “Creo que me voy a morir” -bromeó con el talante cansado. Le invité un trago porque al fin de cuentas estaba seguro que no la volvería a ver. “No moriré de viejo” pensé entre mi mismo para no insultarla. Al entrar a la cantina llamada La Tumba, la Huesuda confesó que se iba a quedar varios días en el pueblo y también confeso que cuando hacia viajes se llevaba a más de uno. Cosa que todo el mundo sabía pero nadie nunca lo había confesado tan descabelladamente. Nos tomamos dos cervezas. La muerte miraba el reloj de reojo. Le platique que me interesaba morirme y me rebelo que existían unas tierras donde vivían todas las muertes y sin ningún remordimiento me rebelo el camino. Volvió a mirar el reloj. La Huesuda Mayor se levanto despacio y caminó, aun más lenta y con algo de alcohol en los huesos, hacia el joven forastero. “no me digas que las calacas también cagan” bromee esperando que revelara lo que en realidad estaba a punto de hacer. Volvió su cráneo hacia mí y dijo más seria que nunca: “los planes de vengar una muerte se propusieron hace mucho tiempo pero está entre el destino y yo en fijar la hora”. La muerte se miraba nostálgica y triste. Se preparaba al ritual de la muerte. Llego, la muerte, donde el joven forastero y se fue penetrando en su cuerpo como si fuera su propio pellejo. Entonces el forastero se levanto, ya con la muerte adentro y camino hacia la mesa donde se encontraba el coronel Navarro. Alcance a ver que la mano de la muerte buscaba la pistola y fueron los dedos esqueléticos de la huesuda, penetrados en la mano del forastero, que apretaron el gatillo y dispararon contra el coronel.
Con el ánimo destrozado por no haber sido yo el que muriera, seguí en mi empresa de encontrar mi muerte. Desatento a mí alrededor recorrí varios kilómetros por el camino, que de acuerdo a la Huesuda Mayor, me llevaría a donde las muertes. El pueblo se quedo atrás. El camino se hizo más angosto, más solitario y después de muchas horas me pareció infinito. Pensé que si cada quien carga con su propia muerte entonces como era que esta fuera tan difícil de encontrar. Conforme caía la noche y cargando la fatiga de un largo recorrido sin ninguna esperanza de encontrar la muerte, me dispute a dormir un poco con la ilusión de no amanecer.
En la mañana siguiente, antes que me despertara el fracaso de no haber muerto, me despertó un alboroto que recién no pude descifrar con exactitud. Parecía el ruido al salvaje trote de una manada de bestias, se confundía también con una cuadrilla de gente alborotada o con una especie de pelotón perteneciente a los de otro siglo. Por fin apareció un batallón de alrededor de trescientas calaveras que hacían vibrar la tierra. El paso del batallón era con ritmo torpe pero siempre veloz. En medio del estruendoso vibrar de los esqueletos, logre apartar a una calavera. Le pregunte rápidamente que a donde se dirigían tantas muertes. “somos las encargadas de las muertes causadas por las epidemias” contestó apresurada pero alcanzó a añadir que se dirigían a un pueblo al extremo del continente cuyo nombre no logré retener. Después que desapareció el batallón a lo lejos, me quedé tan aturdido que creí oír la trácala de los esqueléticos cuerpos todavía cerca por un largo tiempo. Estaba seguro que las huellas del batallón me llevarían al lecho de todas las muertes: a la ciudad de las calaveras. Calculé que debía de estar cerca y despreocupado me olvide de tener en cuenta mi ubicación. Después de varios días los vestigios desaparecieron y yo a la mitad de no sé qué parte del mundo me encontré perdido. Sin embargo, seguí caminando con unas ganas que crecían desmesuradas con la ilusión de morirme.
Habían pasado varias semanas y mis ropas se hacían desgastadas; mi barba creció sin alguna simetría, mis pies entorpecieron por la fatiga y a mis hombres se añadió un peso agotador. El cansancio se apodero de mí. Ya entonces, durante el día, descansaba más de lo que avanzaba. Pero la determinación que persistía mis entrañas por encontrar la ciudad de las Calaveras no me dejo morir a pesar de que morir era lo que más deseaba.
Sucedió entonces en mi andar que tropecé con la muerte de la soledad. Estaba seguro que aquella era mi muerte. Creí sentirme muerto por un momento pero solo confundí la muerte con el sentimiento de la felicidad. Y he aquí que me veo comprometido a explicar tan absurda confusión, pero esta es razonable si se recuerda que el único propósito en mi vida, para ese entonces, era morirme, y eso, lo único que me haría feliz. En el aislamiento de sus pasos apenas dejaba notar su presencia. No se interesaba por lo que ocurría mas allá de su armazón. Tanto así que cuando paso junto a mí, ni siquiera levanto la mandíbula para verme. Creo que no advirtió mi presencia. Fue entonces que percibí otras tierras. Distinguí, lo que parecía intacto de desastres, otro paraíso natural. Todo era un silencio absoluto. Confundí la tranquilidad de ese lugar con la paz de los muertos. Me percate de un rio cuyas aguas yacían mas inmóviles que los propios difuntos y con tropiezos bajé una pequeña colina para llegar hasta sus aguas; al llegar vi tantas muertes que parecían, en aquellas tierras, un hormiguero de Calaveras. Sin darme cuenta había llegado al paraíso de los inmortales donde viven todas las calaveras por la única razón de que el resto del mundo es tan mortal que hasta las propias calaveras corren el riesgo de estirar la pata.
-Busco mi muerte, quiero morir- le dije a la muerte más cercana.
-Ah Suicidio! cada vez que regresas dices lo mismo- contestó la calavera. Incliné la cabeza aún sin entender y vi los huesos de mis manos.
23/9/09
Otoño 2009
Además han pensado alguna vez ¿por qué se celebra el día de los muertos?
Encontrarán la respuesta en la próxima edición…
31/5/09
Primavera 2009
Ciudad Universitaria primavera-2009, está dedicada a los poemas participantes del concurso poético de la Asociación de Estudiantes de Español (AEE). Los jueces del concurso fueron, el poeta Néstor Díaz de Villegas, Fabio Chee, estudiante de doctorado en la universidad de California en Irvine y la profesora Paola Marín (CSULA). En esta edición incluimos los poemas participantes y a los ganadores.
Uno de los principales objetivos de AEE es PROMOVER LA CULTURA EN EL CAMPO DE LA LENGUA HISPANA. De allí la importancia de este certamen de carácter literario desarrollado en la modalidad de concurso de poesía, cuyo objetivo era incentivar la imaginación, la creatividad, la sensibilidad y el interés por la creación poética en los estudiantes de español de CSULA. Igualmente, pensamos que el arte es fundamental para crear un sentido de comunidad, sobre todo cuando ha sido producido por aquellos más cercanos a nosotros. Muchas gracias a todos los que participaron en el concurso poético y a sus ganadores.
atte:
Ciudad Universitaria
(esta edición es la última que estará a cargo de Thania Muñoz. La próxima Ciudad Universitaria será liderada por nuevos directores.)











